Edda Díaz

 
Edda Díaz
 
Participó en Los Campanelli, inventó con Carlos Perciavalle y Antonio Gasalla el Café Concert en la Argentina. Ahora volvió al teatro, al cine y a la tele.
 
Ese 23 de julio de 1966, mientras nos preparábamos en el cuarto de la pensión de Carlos (Perciavalle) que convertimos en sala de teatro, rompí un espejo. Era frente al Ital Park.
 
Antonio Berni preparó la escenografía con un biombo donde yo hacía un falso streep tease. Se me veía sólo la cara y no había separación con el público; todo era luz negra y atrás, en una gran luna verde, proyectábamos películas de Valentino. Yo le escribía una carta y el público me dictaba el encabezamiento. Nunca pasábamos de ahí.

Edda Díaz cuenta el estreno de Help Valentino, un emblema del humor argentino que protagonizó junto a otros tres egresados de la Escuela Nacional de Arte Escénico: Nora Blay, Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle. Todos eran de la misma camada y juntos iniciaron el café concert en la Argentina. Ahora Edda vuelve cambiada. Ya no es la coloradita que aprendió a sobresalir desde chica en Tucumán; la petisa de Los Campanelli mutó a rubia especialmente para el personaje de Las mantenidas del sueño, una película de Vera Fogwill que rodará junto a Gastón Pauls a mediados de mes. También hará de monja en Resistiré (Telefé) y, como en un juego de postas en el que lleva más de treinta años con espectáculos como Orgullosamente humilde, Las Eddas y los otros, Yo quiero ser una chica Menem; Edda retoma el unipersonal con Cartonedda, que escribió con María Rita Figueiras, los sábados en el Complejo La Plaza. Antes de yo, Groucho Marx, dice el clown en el comienzo de la obra con una enorme cita a los ochenta en la escenografía: un billete "a cuenta de mil australes". Le siguen un desfile de personajes y entre ellos la única interrupción son los cambios de vestuario de la actriz sobre el escenario, bajo una luz tenue, acompañada por su asistente.

De mañanita fuimos al delta, linda la ida, linda la vuelta. Ahí empece, tenía seis años, mandé un saludo medio aparatoso y no me quise bajar del escenario. Estaba concentradísima con la vista clavada al piso, la maestra se acercó y me preguntó qué pasaba y le contesté que el texto era muy corto, que quería decirlo de nuevo. Y así fue, una humorada en la que sin darme cuenta me hacía dueña de la situación.

Años más tarde entró a la Escuela de Arte Escénica, a pedido de su madre de quien, dice, heredó parte del humor. Ella era panadera y en la libreta anotaba a los vecinos por sus apodos: "la tetona", "la vizca"; entonces venían a pagar una deuda y ella los buscaba pasando las hojas despacito hasta encontrarlos. Era el humor cínico, el lado más tierno lo tengo de mi viejo, también panadero. Se recibió el mismo día que mataron a Keneddy y al enterarse del estreno de su obra inicial, abandonó el empleo de maestra en una escuela primaria. Dice Edda que le encantaba ser docente, que le tocaban escuelas a las que nadie quería ir; pero las dejó porque era una forma de quemar las naves, de entrar con todo y sin red a lo suyo: el teatro. Desde ese momento empezó a escribir los textos para sus espectáculos. "El unipersonal —dice— es algo que no te da respiro, te hacés cargo sí o sí de lo tuyo, te lo podés llevar en la valija sin depender de nadie. Hoy acá, mañana allá, ir a lugares remotos donde nunca actuó nadie. Es despojado y religioso: alguien se está quemando ahí arriba. Lo dijo Bonavena, arriba ni el banquito te dejan".

La primera gira en la costa la hizo junto a Antonio Gasalla, fueron a Mar del Plata con Dejáte de historias y cosaquiemos la cosaquia. Los contrataron desde Buenos Aires y al llegar no encontraron el teatro, había cualquier cosa menos un teatro. Terminaron durmiendo en el garaje de una amiga hasta que lograron conseguir la sala, vender la obra y quedarse toda la temporada. Un éxito del año 1968. Del Gallo Rojo, ícono del café concert en Buenos Aires durante el 60 y 70, Edda creó La Nena, un personaje del que se inspiró mirando a sus hijos. Enseguida se llenó de "Nenas" de un año la escena teatral porteña. Clonaron: "Eran caricaturas, no innovaban. En cambio, ¿qué hizo Antonio? Bueno, creó la muñeca colgada que tira a la nena al vacío, mataba a la niña… que era yo por supuesto". (risas)

Dice Edda que con Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle ya no se trata, pero que vivirán con ella hasta el día de su muerte. Ellos llegaron hasta mi corazón y no habrá tempestad que los mueva…soy de Acuario.Interrumpe un corto silencio con —más— risas, porque, asegura, lo difícil es hacer reír. Luego preguntará por los signos, algo que la apasiona y dirá que dejó la parapsicología, profesión de la que se recibió en el 70, porque ahora está en otro camino.

 
 

                                              

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Acerca de Teatro de Humor

El humor salva vidas, el teatro las mejora. El teatro de humor es perfecto.
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