Carlos perciavalle

 Biografía

Carlos Perciavalle

 
 
 
 
 
ENTREVISTA A PERCIAVALLE Y CHINA ZORRILLA EN REVISTA NOTOCIAS:
 

“Con los años se decanta la pavada”

En el teatro son Adán y Eva, aquí hablan de la tercera edad, el dinero, la muerte, la informática. Botnia y visitas a las cárceles.

Por Liliana Morelli

 

Décadas de éxitos. Repusieron `Diario privado de Adán y Eva, el musical´, 25 años después.

"Mirá que Adán y Eva tan poco adecuados, yo tengo 100 años y él más de 60”, larga ella, descarnada, con su irresistible picardía. Él sonríe con indulgencia. Dama patricia que frecuentó otros andurriales, hincha de Nacional y de Boca, Concepción Zorrilla de San Martín -la China, a secas- está convencida de que no podría vivir sin rellenar la Claringrilla y sin los saltos de Flor, la yorkshire que pide pista para aterrizar en su falda. Carlos Perciavalle, una cruza explícita de carnalidad y actitud zen, medita, hace yoga y es vegetariano con la misma determinación con que hizo de su menú juvenil una oda al exceso. Probó todo y está de vuelta de todo, dichoso y colmado.

Cada noche, en tándem, arrancan aplausos de pié en la versión musical “El diario privado de Adán y Eva”, de Mark Twain, adaptado y dirigido por China, en el Teatro El Nacional. Esta versión sobre la Creación, la mirada inédita del primer hombre y la primera mujer sobre el otro, sobre sí mismos y sobre todo cuanto los rodea, destila ternura y emoción.

Noticias: Antes de levantarse el telón: ¿todavía sienten las manos frías, un agujero en el estómago, o eso es pura literatura?

China Zorrilla: En mi caso es literatura, cuando estoy cansada, con frío, bronca, preocupada o me siento vieja, pongo el pie en el escenario y se me pasa todo. Me atrevo a todo, soy una chica de 15.

Carlos Perciavalle: Para mí no es literatura, un segundo antes de entrar estoy temblando, no rezo el rosario, pero casi. Y cuando pongo el pie en el escenario, el derecho, siento que el ángel de la guarda me invade, me protege. Miro a China y la felicidad es total.

Noticias: Después de recibir aplausos de pie y ovaciones, ¿quedan cargados de energía, enchufados a 220 voltios?

Perciavalle: Es muy emocionante, y más en una obra como ésta, que tiene una reacción unánime, se ponen de pie como un resorte, y gritan, se secan las lágrimas…

Zorrilla: ¡Es la única profesión donde te aplauden! No lo hacen con un médico que acaba de operar un corazón y devolverle la vida a alguien. Lo malo es que te abuchean, siempre estamos en la cuerda floja.

Noticias: ¿Ser artista es vivir con una sobrecarga emocional?

Perciavalle: No sé si es una sobrecarga o la suerte de tener mucha sensibilidad y poder transmitir lo que se siente. Yo soy meditador y lucho contra el ego. Como me dijo Will Smith, el actor de “Men in black”, un negro divino, si tengo un fracaso trato de que no me llegue al corazón y si es un éxito, que no se suba a la cabeza.

Noticias: ¿La pulsión creativa disminuye o se exaspera con los años?

Zorrilla: Los años están en mi partida de nacimiento, yo no los siento. Al principio de “Camino a la meca” pensaba: qué cansadora esta obra, tan dramática, con tantos gritos, qué va a ser de mí…, y nada. Tenía la vida complicaba y descansaba con la función.

Perciavalle: Yo creo que con los años la creatividad aumenta, como la experiencia. Se decanta la pavada… (ríe)

Noticias: Pese a que la tercera edad tiene mala prensa, ¿el paso del tiempo es liberador, sacude mucha carga de la mochila?

Perciavalle: Caetano Veloso dijo: “Yo no me siento viejo, soy viejo”. Yo podía suponer e imaginar muchas cosas, pero ser de la tercera edad no se parece en nada a lo que creía. Te da más seguridad en algunas cosas, en otras te sentís dejado de lado. En esta sociedad ser joven es importante, lo cual no tiene ningún mérito: cualquiera es joven, pero a la tercera edad hay que llegar.

Zorrilla: Para mí, envejecer fundamentalmente es cambiar de gustos. Decís: “hoy no tengo programa, que feliz”, y tu casa se transforma en un safari: tengo libros, discos, la televisión, un sillón cómodo, la perra que salta para jugar, ¿qué más puedo pedir? Antes decía ¿qué puedo hacer esta noche?; ahora la fiesta está en casa.

Noticias: ¿Aprendieron a dejarse fluir, a no aferrarse a la idea de cómo deberían ser las cosas?

Perciavalle: Hay que fluir, es una de las claves, la otra es parar el cerebro. Osho dice que meditar es celebrar la vida. El hombre occidental está acostumbrado a mirar hacia afuera, y adentro tenemos absolutamente todo.

Noticias: Cuando descubre a Adán en el Paraíso, Eva dice: “No es muy inteligente”, y de ella: “Yo no adivino. Yo sé”. ¿Los hombres están cada vez más metroemocionales y obedecen menos a la cabeza?

Perciavalle: Puede que en este momento haya más de eso, pero creo que la mujer es más sensible, escucha más la voz del corazón, y el hombre está adoctrinado para usar más la cabeza.

Zorrilla: Soy muy antifeminista, creo que la mujer está hecha para tener hijos y si no está en casa cuando llegan el hombre y los chicos del colegio, la sociedad está mal hecha.

Noticias: ¿Y si tiene una vocación, como usted?

Zorrilla: Es ¿cómo decirte?, como un chico que se rompe una pierna y quiere ser bailarín. Después la vida te pega por donde menos te imaginás. Viví en Nueva York, a cierta hora volvían del laburo dos personas de pantalones, con el pucho, ¿porqué va a cocinar ella y no él, si ganaban la misma plata?

Perciavalle: Muchos hombres cocinan, cambian los bebes, mis sobrinos son profesionales, llegan tarde de trabajar y se reparten las tareas. Los hombres cocinando son maravillosos, tienen un don.

Noticias: Pero cocinan como divertimento, no todos los días.

Perciavalle: Todos mis sobrinos cocinan un día sí y un día no. En mi casa cocinaba mi papá, mucho mejor que mi madre. Tenía una facilidad, una inventiva, una rapidez, nos encantaba.

Noticias: ¿Han desaprovechado situaciones de disfrute por usar demasiado la cabeza?

Perciavalle: No me he privado de ningún disfrute, por suerte. No creo que le haya permitido a la cabeza, el sentido práctico o la conveniencia impedirme disfrutar.

Noticias: ¿Ha sido disparatado, desenfrenado?

Perciavalle: No sé si disparatado, pero siempre hice lo que quise. Tal vez porque soy Serpiente de metal, la más fría de todas.

Zorrilla: Yo no analizo mucho las cosas, pero la vida decidió por mí siempre lo mejor. Me dio la posibilidad de ser hija de un escultor, hacía monumentos, sentía que era un padre especial. Tuve un abuelo poeta y envejecí viendo que mis padres se querían. En mi niñez leía un libro en francés que decía: “Los hijos de aquella mujer tannnn malaaaa fueron lo que podía esperarse: el mayor cometió un crimen y terminó en la guillotina, el segundo robó un banco y lo mataron, una hija se hizo prostituta y la otra actriz” (risas). Cuando aprendí que actuar no era malo, anduve tranquila por la vida. Mi gran fracaso fue no haberme casado, no ser madre, pero tengo sobrinos, así que “vida nada me debes, vida estamos en paz”.

Noticias: ¿Por qué descartó la adopción?

Zorrilla: Porque tengo una vida de saltimbanqui, con viajes y giras. Hubiera querido casarme con alguien a quien quise mucho. Ahora de golpe soy vieja, pero soy feliz rodeada de cosas que amo. La vida me mimó, directamente.

Noticias: Carlos ha dicho que fue tan promiscuo como le fue posible. ¿Añora esa época de excesos?

Perciavalle: No, hay una edad para todo, para la promiscuidad y para el relax. Yo crecí en los ’60, con “paz y amor”, y aún creo que se puede modificar el mundo si tomamos conciencia de que todos somos habitantes del mismo planeta. La lucha, las armas, son un invento de la política, el dividir para reinar. La misión de los artistas es la contraria: unir, para sobrevivir.

Noticias: Hace poco admitió ser gay, ¿en qué lo cambió tener una pareja estable, que lleva 33 años?

Perciavalle: (piensa) Me dio seguridad, equilibrio, todo. Pero prefiero no hablar de cuestiones personales.

Noticias: ¿Cayeron alguna vez en desazones fuertes, del tipo “mi vida no tiene sentido”?

Perciavalle: No. Cuento con lo que tengo, no con lo que me falta.

Zorrilla: No, yo tampoco.

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NOTA A CARLOS PERCIAVALLE EN CLARIN:
 

Carlos Perciavalle: "Soy un hombre feliz"
Dice que es la persona más normal del mundo. Su nueva vida y el secreto de su vitalidad.


María Laura Santillán.

Imaginaba que Carlos Perciavalle era inaccesible. Sus viajes, su fama. Sin embargo, fue fácil encontrarlo y compartir un rato con él.

¿Desde que empezó la revista volviste a una vida partida en dos orillas, Punta del Este y Buenos Aires?

Nunca dejé Punta. Pero ahora estoy más en Buenos Aires. Además, trabajo en Pinamar.

¿Estás trabajando los siete días de la semana?

Los siete días de la semana.

¿Y qué tal?

Me encanta. Hacer reir es una misión muy noble, es como curar para un médico. Está más allá del cansancio físico. Hace poco, me quedé medio afónico por el aire acondicionado y tuve que hacer igual la función: hice mímica. Estoy cansado porque viajo mucho, voy, vengo. Pero hacer reir es tan gratificante. No te digo que le cambiás la vida ni mucho menos a la gente, pero les das un descanso: la cabeza se toma un respiro, aprende a escuchar la voz del corazón, se ríe. En el teatro no lo podés creer: se ríen, lloran, aplauden, festejan, hacen absolutamente de todo.

¿Por qué le dijiste que sí a Gerardo Sofovich? ¿Fue por ganas, por ilusión, por necesidad?

Porque lo quiero mucho. A los 21 años, por el placer de jugar, yo jugaba a la canasta con Gerardo y su mamá, Regina, una mujer genial. Con Gerardo tuvimos un gran éxito con Boquitas pintadas. Hicimos la revista donde debutó como vedette Moria. Y desde entonces me une a Gerardo una amistad muy especial y una admiración muy profunda.

¿Cómo es trabajar con él? Hay un mito: que es difícil, muy bravo.

Es un hombre que sabe mucho, es exigente. Reconozco que conmigo tiene una relación maravillosa. Hay que asustarse cuando Gerardo no grita (risas), cuando habla bajito. Cuando quiere decir algo terrible, lo hace en voz baja.

¿Cómo sostenés toda esta energía? ¿Cómo hacés para trabajar tanto a los 64?

Yo medito, hago yoga, respiro profundo, duermo mucho y como muy sano. La meditación es agradecer cada minuto que pasa, mirar a los ojos, aprender a escuchar, a gozar de la vida, aún de las cosas malas.

¿Cuánto tiempo meditás por día, por ejemplo? ¿Cómo es la rutina?

En este momento, mientras hago este reportaje, de alguna manera, estoy meditando, estoy celebrando. No existe el pasado y no existe el futuro porque te tengo enfrente y estamos hablando. En cuanto a la comida, empecé a ser vegetariano cuando comencé a tener dolores en el codo. Yo mismo me dije: "Esto es ácido úrico, esta es la carne". Dejé de comer carne y nunca más me dolió nada. Como buen argentino y uruguayo, toda mi vida fue comer un bife de chorizo o un lomo a la pimienta al horno: carne, carne, carne. Y ahora no sólo no como carne sino que creo que todos tendríamos que dejar de comer carne.

¿Qué comés ahora?

Verduras, lácteos pocos y dos huevos por semana nada más. El pescado me encanta. Mi hermano me decía: "Pero el pescado también está muerto (risas). Pero el pescado sufre igual". Las cosas que hacen para que los pollos estén gordos, de doble pechuga. Les cortan los párpados para que no duerman, les ponen luces para que pongan dos huevos por día. Las cosas que estamos haciendo los hombres. La vamos a tener que pagar, me incluyo porque soy de la raza humana.

Vas a ser longevo entonces. ¿Qué dicen los médicos?

Ahora me acabo de hacer un chequeo. Me revisaron íntegro y los resultados me dieron como si tuviera 16 años (risas).

¿Extrañás aquellos tiempos de descontrol?

No. No extraño nada. Hice muchas cosas. Dejé de hacer las que no eran beneficiosas para mí, y las que eran beneficiosas las sigo haciendo. Con esa naturalidad lo digo. No me privé de nada, nunca me drogué con pinchadura. Probé los ácidos, y fueron demasiado fuertes. Hay ciertas cosas a cierta edad que tenés la necesidad de probar para ver qué es. Pero no me he convertido en un adicto, por suerte. No quiero provocarme la muerte con algo que supuestamente, entre comillas, me de placer. Me gusta la vida, me divierte. Me gustan los perros, me gusta ensayar, me gusta el teatro, me gusta la gente que escucha, la gente que mira a los ojos, me gusta la música, la vida, el calor, el frío. Disfruto.

¿Sos un hombre feliz?

Muy.

¿Qué personas te hacen feliz hoy, además del público?

Mucha gente se murió. La China (Zorrilla) es íntima amiga, la adoro, mis hermanos, sobrinos, Enrique Pinti.

¿De Susana Giménez ya no sos tan amigo?

Con Susana Giménez tuve un hijo divino que se llamó "La mujer del año". Me gusta recordar eso y lo demás es otra historia.

¿Hay "demás"?

Hay "demás" pero preferiría no hablar de eso. Prefiero hablar de que es una actriz maravillosa, una mujer estupenda.

¿Cómo te llevás con Internet? ¿Tenés mail?

No. En el programa de Marcelo Tinelli me gané la más fabulosa computadora que te puedas imaginar, con impresora. Empecé a usarla, agarré el mouse y me dio un mareo. No hubo forma. Yo quise, pero me di cuenta que me mareaba espantosamente. La flechita, el punto, la flechita, cuando veo algo de mucha acción me mareo.

Si te tuvieras que describir, ¿qué dirías? ¿Cómo sos?

Es una cosa curiosa. Yo te puedo decir lo que me dice la gente cuando me conoce personalmente: "¡Qué distinto sos a lo que yo me imaginaba! No tenés nada que ver". No sé (risas).

¿La gente cómo te ve, cómo te imagina?

No sé. Ni yo tampoco pregunto (risas).

¿Les resultarás inaccesible?

Hay gente que dice que tengo pinta de insoportable, de gritón, de estrella (risas). No sé. Yo me considero la persona más normal del mundo, no le hago mal a nadie y adoro a los animales.

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El humor salva vidas, el teatro las mejora. El teatro de humor es perfecto.
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